| Día de los Padres | |||
|
El Día de los Padres era la última reunión de la familia antes de que llegara el verano. Como vivíamos en una estación de trenes, sólo había que pararse en el andén para verlos llegar. Yo siempre esperaba con especial impaciencia el tren que llegaba de Santa Clara, porque en él venía Alahím, mi primo más querido.Luego, a la hora del almuerzo, todos hacían todos aquellos cuentos que ahora, 30 años después, son parte de una nostalgia que nunca viví, de unos recuerdos que no son míos, pero de los que no puedo deshacerme. Desde el polo Norte de la mesa, mi abuelo frotaba sus manos sobre el vacío y brindaba con el peor de los rones como si fuera el mejor de los vinos. No olvido que el regalo que más lo conmovió, de todo los que le hicieron durante tantos años, fue la biografía de Maceo de José Luciano Franco. No leía novelas, pero releía la historia como si fuera una ficción. Detesto las celebraciones colectivas, pero hoy, Día de los Padres, me aferro a la época en que mi familia aún estaba íntegra y todos se abrazaban sin ningún otro motivo que no fuera el de tenerse, como en una foto, los unos frente a los otros. Leer más: El Fogonero
Agregalo como Favorito
Compartir
Enviar email
Hits: 124 Comentarios (0)
![]() Escribir comentario
|




